SIMBOLISMO DEL OCTÓGONO

                                                                             La geometría del 8

Este número se divide en dos partes iguales 4 + 4, que a su vez se dividen en otros dos números iguales 2 + 2, los cuales también se dividen en dos números iguales 1 + 1, de ahí que indica equidad, justicia, equilibrio.  El octavo día de la creación se considera simbólicamente como la resurrección de Cristo, razón por la cual a menudo las pilas bautismales son octogonales. Recuerda la vida eterna que se obtiene con el bautismo. Es como una recreación, el comienzo de una nueva etapa expansiva en el mundo terrenal, una vez conocido lo trascendente. La resurrección proviene de la lucha, de la muerte al mundo de los deseos, de la liberación de la rueda de la existencia y del sufrimiento. Esto está expresado en el Budismo a través del Óctuple Sendero, y en el Sufismo por el símbolo del Octógono. En Numerología, este número esta relacionado con el karma, ya que en épocas en las que su influencia sea preponderante, será cuando recibamos como un boomerang los efectos de nuestros actos del pasado.

Muchísimos baptisterios, fuentes, pozos de claustros en iglesias y monasterios, y también de edificios civiles, han sido construidos en forma de prisma de ocho lados. Podemos ver esta geometría repetida una y otra vez en los baños árabes, y también en diversas iglesias de planta octogonal (la Veracruz segoviana, Eunate y el Santo Sepulcro en Navarra, la Capilla Palatina, el Baptisterio de Milán, San Lorenzo Maggiore en Italia, etc.), así como en múltiples torres mudéjares o de esta influencia. Numerosas pilas bautismales muestran igualmente la geometría de ocho lados.

Ya que el número 8 reúne la combinación de la cruz y el cuadrado da la estabilidad en la vida material. El ocho representado por un octógono, simboliza la figura intermedia entre el cuadrado (orden terrestre) y el circulo (orden celeste), por lo tanto es símbolo de regeneración, del paso de lo que es contingente a lo que es eterno.

 Como antecedente de la arquitectura de planta octogonal debe destacarse el edificio que hoy conocemos como Torre de los Vientos, situado en Atenas, en las inmediaciones del mercado romano, que fue levantado en el siglo I a.C. por el arquitecto sirio Andrónikos Kyrrestés. Hasta la Edad Media se pensó que era un monumento funerario que albergaba la tumba de Sócrates pero lo cierto es que se trata de una interesante torre veleta que informaba a los ciudadanos sobre los vientos que soplaban en cada momento. En la parte superior de la torre existe un friso que representa a un total de ocho figuras aladas que personifican a los distintos vientos: Bóreas, Cecias, Apeliotes, Euro, Noto, Lipso, Céfiro y Escirón. Es significativo que en tiempos de la conquista otomana de Atenas este edificio octogonal fuese utilizado como lugar de culto por una comunidad islámica, los derviches giróvagos, que a través de rituales y danzas giratorias buscaban la ascensión por la senda de lo divino en busca de la integración con el Altísimo.

Desde un punto de vista simbólico, el octógono representa el enlace entre el cuadrado y la curvatura de la esfera. Es sabido que, en las ciencias sagradas aplicadas al arte, el cuadrado estaba relacionado con la Tierra por sus cuatro elementos, o sus cuatro puntos cardinales; por eso, casi siempre se utilizaba en el románico o en el gótico como base de la columna que se unía al arco o al circulo situado en lo mas alto del templo o del edificio. La forma circular, por su perfección, sin aristas, y al mismo tiempo por su sentido de la globalidad que todo lo abarca, sé refería al cielo, a la realidad divina, o a la materia primordial del Universo. El octógono era así, por consiguiente, el puente que resolvía la unión entre el Cielo y la Tierra, permitiendo – como en el caso de la columna - el tránsito de espíritus, Ángeles y hombres de un lado al otro, en una suerte de Cosmos no quebrado. El polígono de los ocho lados aportaba, asimismo, la polaridad de la búsqueda: cuando la esfera estaba situada dentro del cuadrado, en una variante de la doctrina, entonces el octógono indicaba el camino hacia la interioridad, el paso de lo cuantitativo a lo cualitativo, la vía hacia el latido del corazón, la senda del retorno hacia la madre siempre Virgen del Universo. Pero cuando era el circulo el que abarcaba al cuadrado, el símbolo afirmaba la presencia de la sabiduría divina abrazándolo y penetrándolo todo. El octógono, pues, era la síntesis, a la vez, de una disciplina - en este caso caballeresca de realización espiritual universal y de inspiración eminente en los principios eternos.

 Uno de los aspectos que más sorprenden de la Orden Templaria es la presencia de la figura octogonal en todas sus construcciones. Ermitas, iglesias y castillos repiten por toda Europa y en el Oriente cercano, no por casualidad, este elemento ornamental. La Cruz que portaban sus caballeros tenia también mucho que ver con esta forma geométrica. ¿Se trataba de una simple pieza decorativa o tenia alguna función especifica? ¿Quería decir algo en el seno de la orden?  Pero si la vivencia del octógono en el caballero templario reactualizaba a cada paso de su vida, en la paz y en el combate, la unidad de lo celeste y lo terrenal, en un grado más pequeño tendía a propiciar el equilibrio y el enlace entre el alma y el cuerpo, entre la idea y la acción, .. . Pero el octógono también tenia que ver con la no distorsión del Universo o del mundo, con la unión del cuaternario material pasivo y del cuaternario material activo. Era ya una doctrina conocida por los musulmanes, y a través de estos por los cristianos, que ambos habían recibido como herencia del mundo clásico aristot6lico y plat6nico. Con la superposici6n de los dos cuadrados, el de los cuatro elementos (agua, tierra, fuego y aire), junto a los cuatro humores y los cuatro estados de los elementos (frió, humedad, calor y sequedad), y haciéndolos girar, tendríamos de nuevo la geometría octogonal.

Por último podemos mencionar los laberintos octogonales que aparecen en algunas catedrales góticas francesas -  Amiens, Reims, Arras,...- que plantean muchos interrogantes sin respuestas fiables.

                                                        TEORÍA NEOPLATÓNICA SOBRE EL OCTAEDRO

EXTRACTO DEL CAPÍTULO XV  “DE DIVINA PROPORTIONE”  DE FRA LUCA PACIOLI (1498)

 “Platón asignó las mencionadas cinco formas regulares a los cinco cuerpos simples, es decir, a la tierra, el aire, el agua, el fuego y el cielo, como aparece en su Timeo, donde trata sobre la naturaleza del universo. Al elemento tierra le atribuyó la forma cúbica, es decir, la del hexaedro, dado que ninguna figura necesita de mayor violencia para moverse y, entre todos los elementos, ninguno es más fijo, constante y firme que la tierra. La forma del tetraedro la atribuyó al elemento del fuego, dado que éste , cuando vuela hacia arriba , origina la forma piramidal, como nos muestra nuestra vista cuando vemos que en la base es ancho y uniforme, y que va adelgazándose  hacia arriba, de tal modo que su llama en lo alto termina en punta como el cono de la pirámide. La forma del octaedro la atribuye al aire, pues, así como el aire sigue al fuego en un pequeño movimiento, del mismo modo la forma del octaedro sigue a la piramidal por su facilidad para el movimiento. La figura de veinte bases , o sea, el icosaedro, la asignó al agua, ya que limitada por más bases que ninguna otra figura, que en la esfera convenía más el movimiento de la cosa que desciende derramándose que no al de la cosa que asciende. Y la forma de doce pentagonales la atribuyó al cielo como a aquello que es receptáculo de todas las cosas, del mismo modo que el dodecaedro es receptáculo y albergue de todos los cuerpos regulares, como se puede comprobar por la inscripción de un cuerpo en otro …”

 

 

 


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